Hace un tiempo las mujeres no podíamos elegir…

Hace un tiempo las mujeres no podíamos elegir…

Ayer le conté a mi hijo de 4 años que hace un tiempo las mujeres no podíamos elegir. Elegir si trabajar o no, si limpiar o no, si estudiar o no, si tener [email protected] o no, si casarnos o no. Le conté que nos ordenaban qué cosas hacer, qué ropa usar, qué desear y qué sentir. Le expliqué que costó demasiado tiempo y lucha para que nosotras pudiésemos tener los mismos derechos que los hombres. Y que aún así hoy en día, [email protected] piensan que las mujeres y las niñas somos menos inteligentes, menos capaces, y merecemos menos. También le conté que aún hoy las mujeres tenemos miedo, basado en la experiencia, de que nos hagan algo malo, que nos persigan, que nos lastimen, que nos maten.

Me escuchó atento con expresión de desconcierto, no podía creerme, no podía entender a qué se debía todo eso. En su cara se notaba que no lo creía justo, y mucho menos coherente. Realmente contarlo parecía fantasía. Ojalá lo fuera.

¿Por qué cuento esto? Porque al día de hoy, él no ha vivido en experiencia propia que las niñas sean más débiles, más tontas, más delicadas, más o menos nada. Porque no lo son. 

Y si bien no puedo evitar que el sistema imperante intente oprimir sus convicciones, que la cultura lo quiera pulir macho, puedo día a día recordarle cuán valiosas, capaces y fuertes somos las mujeres y cómo merecemos un trato igualitario y sobretodo humanizado y digno, como toda persona.

¿Podemos criar niñ@s [email protected] y felices, autó[email protected] y libres independientemente de los genitales que les haya tocado? No nos queda otra -me encantaría no tener que decirlo- que criar niñas seguras y fuertes, preparadas, lamentablemente para sobrevivir al machismo (física y emocionalmente). Pero también y más que nada, debemos criar niños conscientes, empáticos, respetuosos, y también seguros y fuertes para saber que nadie tiene por qué medir «su hombría» que no sientan el peso de deber ser «macho» disfrazado de «caballero». Debemos criar niños que no consideren a la mujer como inferior, como posesión, a la agresión como una opción, y menos aún como un impulso masculino incontrolable.

Debemos criar niños que caminen a la par con compañeras. Que cuando sean hombres no nos digan «feliz día» y luego nos maten.

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